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Monday, July 30, 2007

Multinacionales y paramilitarismo

¡Hooola!

Para Usted(es) que leen el inglés, hay unos artículos super interesantes sobre los nexos entre varias multinacionales y el paramilitarismo / los dirigentes de tráfico de drogas ilegales en LA Times
y en International Herald Tribune
http://www.iht.com/articles/ap/2007/07/23/america/NA-GEN-US-Colombia-Coal-Killings.php

Parece que otra vez más vemos la doble cara de la política de Estados Unidos...


Thursday, May 10, 2007

Verdad, justicia, reparación integral...

¡Hoola!

Acabo de recibir el siguiente llamado de parte del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, que quiero compartir contigo, con Ustedes:


Verdad, justicia y reparación integral para las víctimas de los crímenes cometidos por las multinacionales en Colombia
A comienzos del mes de marzo de 2007, por un acuerdo judicial la multinacional Chiquita Brands se vio obligada a pagar US 25 millones por haber financiado grupos paramilitares en Colombia, y haber patrocinado el tráfico de armas en beneficio de estas organizaciones criminales. Esta semana, un tribunal de Estado Unidos decidió escuchar el testimonio de Edwin Manuel Guzmán, un ex sargento del Ejército Nacional que afirma que la multinacional Drummond ordenó homicidios contra sindicalistas colombianos. Las filiales de Coca-Cola en Colombia encaran diversos procesos judiciales por haber ordenado asesinatos y secuestros contra los miembros del Sindicato Nacional de la Industria de la Alimentación , Sinaltrainal. Multinacionales del petróleo, de la industria minera y de la explotación agroindustrial, han sido acusadas de graves violaciones de derechos humanos en Colombia que han involucrado a grupos paramilitares.
Las organizaciones sindicales de las compañías multinacionales han denunciado públicamente las condiciones laborales que imperan en estas empresas. En muchas de ellas existe personal empleado temporalmente que gana menos del salario mínimo a cambio de 16 horas de trabajo diario, y que no tiene derecho a sindicalizarse. También han denunciado la persecución y el acoso laboral al que son sometidos los líderes sindicales cuando han emprendido acciones tendientes a organizar a los trabajadores, y a exigir condiciones dignas. A esto se añade que las compañías transnacionales explotan recursos naturales estratégicos para el desarrollo del país, y ejecutan megaproyectos económicos que destruyen la biodiversidad y los sistemas ecológicos.
Como lo demuestran las acciones judiciales en curso, en ocasiones la respuesta de las compañías multinacionales a la acción organizada de los trabajadores ha incluido la contratación de grupos paramilitares para perpetrar crímenes de lesa humanidad. La acción de estos grupos, que han actuado con respaldo de agentes estatales, ha afectado gravemente a los habitantes de los territorios en los que se encuentran los enclaves transnacionales. Comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes han sido objeto de masacres, desapariciones forzadas masivas cuyas víctimas han sido enterradas en miles de fosas comunes y cementerios clandestinos, y desplazamientos forzados que han tenido por finalidad el despojo de la tierra y el control paramilitar sobre extensas zonas territoriales.
En consecuencia, no es cierto que estas acciones criminales, y que el apoyo al paramiltarismo, hayan sido ejercidos principalmente para proteger a las empresas de ataques de la guerrilla o de la delincuencia organizada. La justificación que pretenden hacer directivos de las multinacionales de su respaldo al paramilitarismo y de los crímenes de lesa humanidad cometidos en Colombia, es una afrenta adicional a las víctimas y a la soberanía nacional.
Con relación a las atrocidades perpetradas por las multinacionales en el territorio nacional, el Estado colombiano es responsable por haber auspiciado la presencia de estas compañías en el país sin ningún control. De igual modo, por haber creado el marco legal para que asociaciones de seguridad Convivir hayan servido de intermediarias para la organización de campañas de exterminio de sindicalistas. El hecho de que sean tribunales extranjeros los que están produciendo resultados en la investigación de estos crímenes demuestra el grado de impunidad y la ineficiencia de la justicia nacional, que ha permitido que se sigan cometiendo estos delitos atroces, que sus responsables gocen de libertad y de las multimillonarias ganancias que les reportan las pésimas condiciones laborales que mantienen en sus empresas. Igualmente, cabe responsabilidad al Estado colombiano por la actuación o la omisión de miembros de la Fuerza Pública en la creación y fortalecimiento de los grupos paramilitares.
Ante todos estos hechos, el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado sostiene las siguientes posiciones y exigencias:
  • La actuación criminal de las compañías multinacionales que han contratado grupos paramilitares en Colombia, y el hecho de que su actuación se haya producido en total impunidad, es otro argumento más para llamar a la no ratificación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.
  • Con relación a los crímenes perpetrados por las multinacionales en Colombia en concierto con paramilitares y agentes estatales, se debe esclarecer toda la verdad por parte de los organismos judiciales nacionales y extranjeros acerca de los autores materiales e intelectuales, las circunstancias en las que se han cometido los crímenes, y las ganancias que han sido obtenidas con métodos criminales.
  • Los directivos de las compañías multinacionales involucradas deben afrontar su responsabilidad penal, y el Gobierno Nacional está obligado a tramitar la extradición de quienes han planificado y se han beneficiado de estos delitos.
  • Las compañías multinacionales deben reparar integralmente no solo a las víctimas directas de estos crímenes. También tendrán que realizar reparaciones integrales de las comunidades a las que ha causado inmenso daño la financiación y el auspicio de los grupos paramilitares.
  • Como medida de satisfacción, las empresas multinacionales deben pedir públicamente perdón a las víctimas y a la Nación por el daño causado a través de los métodos que han utilizado para obtener jugosos beneficios económicos en el país.
  • Como medida de no repetición, las compañías multinacionales a las que se les pruebe haber ordenado asesinatos y desapariciones forzadas, así como haber auspiciado el paramilitarismo y el tráfico de armas en Colombia, perderán definitivamente su licencia de funcionamiento, y no podrán volver a instalarse en el territorio nacional.
El Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado expresa su solidaridad a los trabajadores, a los familiares de las víctimas de las multinacionales, a las organizaciones sindicales que luchan por los derechos de los empleados del capital transnacional en Colombia, y a las comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas que defienden los recursos naturales y la biodiversidad del país ante la explotación de las grandes compañías foráneas.
Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado
Bogotá D. C., 2 de mayo de 2007

Thursday, March 22, 2007

Tráfico de armas con destino a los paramilitares en Colombia -- ya no compraré productos de Chiquita Brands

¡Hooola!
Hoy día quiero compartir un artículo/comentario muy fuerte, bien investigado, que explica en pocos párrafos la situación en el Chocó antioqueño de Colombia y los enlaces entre el gobierno, los paramilitares y las multinacionales.
Me importa conservar la memoria de aquellas masacres -- y de las valientes personas que siguen luchar para la paz, la verdadera justicia y para una economía distinta.



TRAFICO DE ARMAS CON DESTINO A LOS PARAMILITARES EN COLOMBIA – Chiquita Brands

por indycol – Martes, Mar. 20, 2007


“Las tierras quedaban tan exhaustas como los trabajadores, a las tierras les robaban el humus y a los trabajadores los pulmones, pero siempre habían nuevas tierras para explotar y más trabajadores para exterminar. Los dictadores, próceres de opereta, velaban por el bienestar de la United Fruit con el cuchillo entre los dientes.”


Ese día, 5 de noviembre de 2001, las personas que circulaban rutinariamente por el puerto de Zungo ubicado en el municipio de Carepa, Urabá Antioqueño, nunca imaginaron que lo que se desembarcaba del gran barco de bandera panameña Otterloo, en una bodega de la filial BANADEX S.A., filial en Colombia de la Transnacional Chiquita Brands, era, no como se decía 23 contenedores cargados de pelotas plásticas, sino 14 contenedores que transportaban tres mil fusiles AK 47 y cinco millones de cartuchos calibre 5,62 mm, destinados a armar los grupos paramilitares, comandados por Vicente y Carlos Castaño, que actuaban en la zona bajo sus ordenes.

El barco procedente de Nicaragua, con supuesto destino a Panamá, desviado a Colombia, cambió en dicha ciudad, 14 de los 23 contenedores inicialmente cargados con pelotas plásticas, por armamento, cuidándose de justificar su transporte mediante documentos de una supuesta compra de armas de la Policía de Panamá a Nicaragua, con el fin de prevenir interceptaciones en aguas internacionales.

Fue así como, con la permisividad de los agentes aduaneros, servidores públicos de la DIAN y representantes legales de BANADEX, entraron aquel día, sin que nadie supuestamente sospechara, las armas con las que se asesinaron a cientos de colombianos, sindicalistas, campesinos, líderes sociales en aquella época.

Seguramente éste no fue el único desembarco, pero quizá sí el más grande, como años después reconoció Carlos Castaño Gil, quien en entrevista con el diario El Tiempo el 30 de junio de 2002, reconoció públicamente que el mayor éxito logrado por las AUC [grupo paramilitar más importante de Colombia], fue precisamente la introducción al país del arsenal proveniente de Nicaragua.

Pero fue sólo tres años después, el 15 de mayo de 2004, que la empresa CHIQUITA BRANDS, confesó en su país que había entregado dinero a un grupo terrorista en Colombia, aduciendo que había sido para “(…) proteger a sus empleados en caso de que los pagos no fuesen hechos (…)”, confesión hecha un año luego que Estados Unidos, en cabeza de George [W.] Bush, declarara a las AUC como grupo terrorista, lo que convertía en un crimen respaldar esa clase de organizaciones, y a un mes (14 de abril de 2004) que Cesar Gaviria Trujillo, entonces secretario General de la Organización de Estados Américanos [OEA], presidiera el evento del premio a CHIQUITA BRANDS por “responsabilidad social contra la pobreza y la corrupción”, a sabiendas que éste organismo había iniciado su investigación contra CHIQUITA BRANDS, luego que Carlos Castaño admitiera públicamente en el 2002, que su mejor gol había sido introducir el mencionado armamento en Colombia.

Vale la pena recordar en este punto que precisamente Sergio Caramagna, actual delegado de la OEA para el proceso de paz con las AUC, fue una de las personas designadas por Gaviria para adelantar dicha investigación.

Y es precisamente por aquella época, 10 de junio de 2004, y a sabiendas de los cientos de crímenes cometidos por el paramilitarismo en la zona apoyados financieramente por transnacionales como CHIQUITA BRANDS, y la respuesta del entonces Fiscal Luis Camilo Osorio a los medios de comunicación que anunciaba una apertura de investigación, que el Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo” radica un derecho de petición ante el Fiscal General de la Nación, solicitándole informara, si se había abierto una investigación penal en Colombia por el caso.

Para nadie es de extrañar proviniendo de donde proviene, la dilación de la respuesta, que hizo que fuera necesario interponer un año después (Mayo 2 de 2005), una acción de tutela para que se diera respuesta a los interrogantes planteados.

Finalmente y dada la insistencia de los requerimientos, la Fiscalía manifestó en abril de 2006, que en relación con la confesión de CHIQUITA BRANDS de financiamiento a grupos paramilitares, se adelantaba investigación previa 2432, en oficio No 1840 del Gaula Rural de Antioquia, en la cual al parecer la víctima es CHIQUITA BRANDS por el presunto injusto de extorsión.

Ahora bien, CHIQUITA BRANDS no sólo colaboraba con los paramilitares entrando armamento a Colombia, según los Fiscales del Departamento de Justicia de Estados Unidos, también los financiaban económicamente con pagos previamente revisados y aprobados por altos directivos de la compañía en Cincinnati, y los cuales lo hacían desde 1997, luego de un encuentro entre el entonces jefe de las AUC, Carlos Castaño y el gerente de BANADEX.

Claro es, ya que la presencia paramilitar se consolidó en esta zona a partir de 1994 cuando irrumpieron en el eje ganadero del Urabá antioqueño, fortalecidos con la legalización que les otorgó Alvaro Uribe Vélez, entonces gobernador de Antioquia, al institucionalizar las famosas Convivir [otro grupo paramilitar] el mismo año a las cuales éste calificaba como entes de beneficio comunitario y de seguridad de la población y que se convertirían en el espacio perfecto para materializar la alianza empresarios, Estado, narcotráfico.

Según investigaciones realizadas por organismos defensores de derechos humanos, en la década de los noventa los municipios con las más altas tasas de homicidios de la región fueron Chigorodó, Apartadó, Mutatá, Turbo y Carepa. Es así como en 1993 se registraron 14 masacres para un total de 79 víctimas, en 1994 se presentaron 3 masacres, 46 víctimas, en 1995 se alcanzan mayores cifras, con 15 masacres y 116 víctimas. En 1996 disminuyen a 11 los casos y a 71 víctimas, en 1997 se presentan 7 masacres con 36 y en 1998, dos casos con 15 víctimas. A pesar de que en 1999 y 2000 se registran 5 masacres, las víctimas en el primer año fueron 27 y en el 2000 ascienden a 30. En 2001 se presenta una masacre con 11 víctimas y en 2002, dos con 18.

El municipio más afectado desde 1993 ha sido Apartadó con 20 masacres que dejaron un total de 170 víctimas, seguido por Turbo donde también se han presentado 20 masacres con 120 víctimas. En Carepa se han registrado 6 masacres con 36 víctimas, en Chigorodó 4 con 35, en San Pedro de Urabá 5 masacres con 30 víctimas, en Mutatá 5 con 27 víctimas, en Necoclí 4 con 22 y en Vigía del Fuerte una masacre con 9 víctimas.

Todos estos hechos se desarrollaban entre tanto con la aquiescencia, no sólo del Gobernador en ese entonces del departamento, el actual presidente Uribe Vélez, sino con la del general Rito Alejo del Río, mas conocido como “El Pacificador” quien fue el comandante de la Brigada XVII, con sede en Carepa entre 1995 y 1997 y a quien posteriormente se le abriría una investigación por conformación de grupos paramilitares y otros delitos, la cual fuera precluída por el entonces fiscal Luis Camilo Osorio el 9 de marzo de 2004.

¿Cómo olvidar las aproximadamente 49 víctimas que dejó el paso de paramilitares durante 5 largos días en Mapiripán – Meta – luego que el general Rito Alejo del Río permitiera su paso desde Urabá?

¿Cómo olvidar los cientos de víctimas que dejó a su paso la tan llamada “Operación Génesis” comandada por el general Rito Alejo del Río, so pretexto de combatir un grupo armado fuera de la ley?

Y es que nada de esto es coincidencial. Obedece a que la región de Urabá o “la mejor esquina de América” es un lugar geoestratégico, para que transnacionales se apoderen de una de las mejores tierras del país, para hacer que esa gran masa de nuevos habitantes se conviertan en potenciales compradores de sus productos, para que aquellos a quienes han desplazado de sus tierras se conviertan en obra barata para el capital y así lograr una mayor tasa de ganancia, para que según los planes acordados se convierta esta región en un modelo de intervención militar que se consolide con el Plan Colombia, el Plan Puebla Panamá y la Iniciativa Regional Andina.